hojas secas
este trabajo lo presente como una historia para la clase de psicologia de las ciencias sociales, juzguen ^^
Hojas secas
Era tarde las cinco o las seis, como es costumbre en provincia el tiempo pareciera pasar más lento, sin embargo, las sombras que lentamente se alargaban, indicaban que el día iba expirando, como la vida que se había ido hace poco, y que ahora se deslizaba lentamente bajo la tierra. –una lástima, tan bueno que era. Así dicen todos cuando alguien se muere y ni lo dicen con toda sinceridad.
Alrededor de la fosa se escuchaban sollozos y cuchicheos, lo típico de un entierro, lo que no era tan típico, el enterrado, quizá el último gran héroe de un ciencia, sin la cual el mundo seguiría casi tal cual, de una ciencia que es prácticamente prescindible, pero que ayuda a mejorar un poquito la vida, una lástima, el último gran héroe de ese pequeño país se despedía de este mundo, silencioso como la tarde.
-Ni tan pequeño país, se decía a si mismo uno de los asistentes al entierro, vivimos en un país convulso, inestable, un país donde nadie tiene todo y donde todos tienen nada, donde la mayoría cargan a los ricos y arrastran a los pobres.
-¡cállate! No ves que esto es un velorio, se apresuró a decirle la acompañante al sujeto del soliloquio, - ¿Qué quieres? ¿Qué este impasible ante lo que acaba de pasar? Se murrio el, mi maestro, el maestro de muchos, ¿y que quedo, del mismo? Nada, nadie va a volver a decir sus palabras, nadie tendrá acaloradas discusiones defendiendo firmemente lo que creía, ha muerto, y ahora va a estar rodeado de magueyes, ya no de personas ni de palabras, sino de arena y gusanos, -ha si pues todo eso dilo en el discurso de despedida y no me lo cuentes a mí , se apresuró a contestarle la acompañante, él, bajó la mirada, esperaba que alguien viniera a reconfortarlo, pero no paso, dentro si mismo, se preguntó si en algún lado abría alguien como su maestro, pero no supo que responderse.
Por un camino de tierra apisonado y polvoriento corre un niño, quizá de apenas unos once o doce años, vivaz y alegre como cualquier niño de campo, corría con una inusual alegría, hasta que alcanzo a divisar algo arrastrado por el aire, corrió para alcanzarlo, se apresuró a atrapar lo que parecía una pequeña hoja de papel ajada y polvorienta, trato de leerla, aunque no mucho, ya sabía leer, lo único que pudo descifrar de aquella
hoja fue una palabra extraña difícil para el, -pp-ppsss-pssii-co-lo-gi-a. El resto, estaba demasiado enterrado en la tierra y la vejez, se alegró de aprender una palabra nueva, más aún porque era difícil y parecía significar algo importante, corrió de regreso al pueblo a preguntarle a los mayores que quería decir tan singular palabra que seguramente provenía de algún libro capitalino que perdió una de sus hojas, pero no halló respuesta pregunto a los más viejos, preguntó a las maestras, pero nadie le supo decir que significaba esa palabra. La olvido como se olvidan otras muchas cosas, pero El mundo da muchas vueltas y no uno no sabe a dónde a va a ir a dar, el tiempo pasa y la gente cambia, aquel niño que encontró la hoja con esa extraña palabra había crecido, ahora se mudaba a la capital para seguir estudiado.
-los tiempos son difíciles hijo, cuídate mucho, el general don Porfirio, nos ha dado mucho, pero hay muchos que están en su contra, cuídate allá en la capital, no te vuelvas revoltoso hijo, que a ellos los matan o peor aún los mandan a Yucatán
El padre trataba de aconsejar a su hijo para evitarle un destino cruel, pero de eso, ahora no sabía nada, se encontraba ansioso por ir a la capital, porque iba a entrar a la recién creada Universidad Nacional de México, así que empaco sus cosas y se dispuso a salir en un recorrido de dos días a la capital, en cuanto llego se admiró de lo basta y compleja que vio la ciudad, nada comparado con su pueblo, pequeño y humilde, pero poco tiempo habría de estudiar, pues en noviembre de ese año estallo la guerra de revolución, el pueblo se había cansado de tantos años de abusos, de explotación, de injusticias, de todos lados salían caudillos que velaban por los intereses de su gente y los propios, don Porfirio ya estaba grande, con 80 años de edad a cuestas, difícilmente soportaría una revuelta, de cualquier forma creía fieramente que el país no estaba listo para una democracia. Y aunque lucho, con lo poco que le quedaba, se tuvo que exiliar a Francia, había comenzado una época en que se dejaba entrever un nuevo México, o al menos eso creía la mayor parte de las personas, entre ellos un maestro un tal Ezequiel Chávez.
Hijo tal vez tu no sepas de esta nueva ciencia, pero créeme, cambiara a las personas, con nuestra ayuda y con la de todos este país va a empezar a brillar, ignora los usos que le han dado a nuestra ciencia la psicología, no es una excusa para taparle la boca a los medios, no es una roca con la cual golpear a las libertades, es una forma de generar alumnos de bien personas integras y morales que ayuden a este país, le decia el maestro Chávez
Algo en su interior se movió, el tiempo parecía retroceder, psicología, aquella nueva y misteriosa palabra desconocida mucho tiempo antes, ahora se revelaba ante sí, en un México convulso sin destino claro sin héroes ni villanos, que desesperadamente necesitaba curas milagrosas para su pobreza su ignorancia su hambre, psicología, -que es la psicología.
Como antes nadie sabía, todo mundo decía que era, pero nadie le dio una respuesta clara, habrá que leer, es mucho lo que ignoramos, es tanto, que solo nos queda leer, las palabras aprendidas, serán nuestros escudos y nuestros proyectiles, el saber que se tiene que leer y mucho, nos aleja de la tan peligrosa ignorancia, madre quizá, de la miseria en la que está sumido este país. Esas eran las palabras del maestro Ezequiel.
Pues si aquí no está la respuesta habrá que viajar, quizá del otro lado del océano se encuentren las respuestas a esa pregunta tan simple ¿qué es la psicología? Y no es que huyera, porque la gente que huye procura no regresar, pero regresó. En Europa en Francia, en Alemania, vio muchas universidades, y ahí se enteró de lo mucho que había detrás de la psicología, regreso a su país, tenía nuevas herramientas para hacerle un bien, tenía la necesidad de educar a la gente y eso es lo que iba a hacer, empezó a trabajaren la universidad nacional de México, pasada la revolución, 14 años fueron suficientes para que se apaciguaran las aguas del cambio, pero ahora había que hacer algo para reconstruir al tan lacerado país.
Se dispuso a enseñar a escribir y a expresarse, sabía que si dejaba algo, por más mínimo que fuera, alguien lo leería, así es que él se empeñó en escribir acerca de esa palabrita tan esquiva en su pasado, la psicología.
Ya lo habían enterrado, un hombre suspiro de regreso del cementerio. El, me enseño el valor de la historia, de la verdadera y útil historia, no le gustaba la tan gastada frase de “aquel pueblo que no conoce su pasado está dispuesto a repetirlo” sabía que no era del todo cierta, él me dijo que la historia, no es una momia que hay que ver tras un vidrio esperando no convertirse en ella, sino que la historia somos nosotros mismos, que nosotros contenemos el mismo tiempo que cargaron nuestros antepasados, tiempo que ya será infinito para él, yo nunca aprendí a hacer historia dijo el forastero, pero creo que sea algunas otras cosas. De lo que piensa y cómo se comporta la gente, otra cosa que él también me enseño.
-¿Cuánto tiempo dices que vivió? Casi noventa años, con él se va otro héroe, otro gran ladrillo de nuestra escuela, -¿así lo crees?, -por supuesto, si mal no me parece conoció a Ezequiel Chávez, y las teorías y corrientes en las que creía ahora son partes medulares de algunas cosas que enseñan los maestros.
-Si y eso de que sirve México sigue mal, a la gente ya no le interesa crear escuela, ya no le interesa la ciencia en verdad, las nuevas generaciones no van más allá de hacer una tesis para titularse, esta país se viene abajo, yo no sé cómo los mexicanos soportamos vivir en este agujero de miseria, es horrible este país da asco, lo peor de todo es que ni siquiera es nuestra culpa, los políticos imbéciles que engordamos son los culpables de que la situación esté así de crítica, además de todas esas lacras del narcotráfico y el comercio informal, yo creo que si todos pagáramos nuestros impuestos y trabajáramos honestamente este país se compondría.
-¿Realmente así lo crees? Yo lo dudo, dudo que si hiciéramos lo que tú dices este país saliese a flote, tengo que admitirlo hay que ser egoísta, pero en parte, tratar de procurar el bien propio pero tratar de no afectar a los demás, es decir si tú haces bien tu trabajo, te entregas a él, y trabajas para ti y tu familia contribuirás ya se ha con poco a que las cosas mejoren, es como yo digo “si todos jalamos para nuestro propio lado, a algún lado tenemos que llegar” aunque no sé, probablemente me equivoque y no hemos aprendido nada de la historia, quizá aún nos esconde algunos secretos en los cuales se halla un mejor destino común.
Y dedico toda su vida a la docencia, la psicología ahora clara para él le resulto una herramienta de la ciencia eficiente para entender esos procesos sutiles y de apariencia mágica, que ocurren en la cabeza y los actos de la gente, los conocía sabia como se desarrollaban, aun así, todavía existían muchas cosas que no entendía, se dedicó a trabajar con enfermos mentales, a ir a hospitales psiquiátricos, aunque la ciencia siempre ha sido de carácter neutro él quería el bien para todos.
Pero murió, con él, sus teorías propias, sus encarnizadas discusiones sobre lo correcto lo incorrecto lo que dice la ciencia y las especulaciones de la gente, tienen que nacer nuevos héroes de cada uno de nosotros, que comprendan la situación del país que entiendan como los procesos históricos nos han llevado a ser lo que somos y que rompan con esas cadenas de tiempo, si es difícil pare probablemente cada uno de nosotros sabe que quiere algo mejor y quien sabe pueda ser el fundador de una nueva escuela revolucionaria y vanguardista, no hay que esperar que papa gobierno venga a rescatarnos o que alguien nos solucione la vida, hay que trabajar, y duro, porque es la única manera en que las cosas podrían cambiar, pero también no hay que esperar un cambio repentino, casi mágico, hay que construirlo poco a poco cada día. Cada quien desde su trinchera, yo le puedo decir.
-se que ignoro mucho, pero también se que quiero aprender.
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