la fiesta de la hipocresía, parte 1
La fiesta de la hipocresía
En el ambiente se respiraba una extraña atmosfera de preocupación, la gente encargada del hotel iba y venía de un lado a otro, con varias cosas, copas, manteles, cubiertos y estatuas. Hoy el hotel tenía que lucir lo más elegante posible y no había tiempo que perder. la fiesta comenzaría apenas en unas pocas horas – ¿ya tienes los cubiertos?, anda corre ¡rápido! Que falta poco para que empiece la fiesta. – voy, ya voy, no encontraba los cubiertos de plata, tuve que ir al sótano por ellos. –ese no es pretexto, ya sabias donde estaban ¡apresúrate! Así paso gran parte de la mañana en el hotel, que para medio día ya lucia esplendoroso lleno de flores de luces de telas y perfumes. – ¿ya está todo? - Si señor, todo a excepción de los invitados, la comida está en los hornos, y las botellas en las neveras. -Qué bien, pensé que las cosas no estarían listas para cuando llegaran los invitados, ¡anda! Vete a ponerte guapa, tu vestido de fiesta está en tu habitación, es nuevo sabes. –no se hubiese molestado, que vergüenza haber estado refunfuñando toda la mañana para que me sorprendiera con este regalo. –anda apresúrate, que aún hay que ensayar la entrada. –está bien voy, voy. No se volvieron a escuchar gritos en el hotel ya hasta muy entrada la noche, pues hasta este instante todo se mantenía en la expectativa de que llegaran los huéspedes de la noche a ocupar su lugar en la fiesta, puesto que el hotel se mantenía ahí, engalanado con sus mejores luces para una fiestas de puras apariencias, ahí aguardaba lleno de telas blancas en el jardín central, mesas redondas igual de blancas, pulcras y elegantes rematadas con un moño dorado en el centro, y carpas rodeadas de flores parecidas a la enredadera que daban una falsa apariencia de primavera aunque faltase una semana para que la dama de las flores se presentase, en pocas palabras el hotel lucio ese día como muy pocas veces al año con un aire de distinción, que anticipaba que algo peculiar iba a acontecer.
-¿ya llegaron los músicos?, -si ya están en su lugar en el escenario, en el jardín junto a las mesas. –perfecto, bueno muchachos reúnanse, hay que practicar la presentación, aún tenemos mucho tiempo para poder equivocarnos, porque en el momento decisivo todo tiene que resultar perfecto, recuerden es el prestigio de nuestro hotel. todo el personal asintió silencioso con la cabeza esperando que no pronunciaran su nombre. –bueno vallan a formarse frente a las mesas recuerden una fila de hombres, otra de mujeres, volteen a verse, dejen un espacio en medio para que pasen los invitados y repasen las reverencias, en lo que voy a hablar con los músicos. –buenas tardes señores, bienvenidos al hotel Qlicot, hoy van a tener el placer de deleitarnos con su música, me dijeron que ustedes tocan todo tipo de música, pero esta ocasión es muy especial, necesitamos música de fondo para la cena, quizá algunos Valses y algo para bailar, y al final algo sublime para el discurso del hotel, ¿saben a lo que me refiero? –por supuesto señor, ya conocemos el hotel hemos sido alojados algunas noches así que conocemos el ambiente y sabemos que se necesita para conquistar a la gente. Perfecto señores traigo algunas sugerencias para los Valses, pero me gustaría saber que me proponen, -Si señor, bueno, pues sabe en qué tiempos estamos, y quizás cierta música resulte anticuada, así que preferimos buscar algo más contemporáneo, puede escucharlo para que decida, -está bien, está bien, aún falta mucho tiempo para que llegue el primer invitado y todo debe salir a la perfección, ¡hey ustedes vengan acá!, a la pista de baile, tomen sus parejas, veremos que tal sale el baile con las piezas que tocan los músicos. Uno a uno cada empleado se fue acercando, al centro del jardín, y tomo una pareja. –bueno señor esta primera pieza se llama arma de elefante, un, un, un, dos, tres, empezó a sonar lo que parecía ser un ukulele, un instrumento particular para iniciar un vals, pero en cuanto el líder de los músicos empezó a cantar todo cambio. como si fuese hipnótica esa voz, nació cierta alegría en los empleados que se empezaron a mover al compás de la música inundados por una alegría festiva, de la mano dieron vueltas y vueltas sonrientes, despreocupados, como si ellos mismos fuesen los invitados, -no esperaba menos de ustedes muchachos, se dijo a sí mismo el jefe viendo bailar a todos, y aunque permanecía cruzado de brazos algo giraba dentro de él, bailaba, gritaba, la misma felicidad de los empleados del hotel se encontraba ahí, solo que contenida tras una mirada regia, y un frac elegante. –sublime genial, no sé qué clase de influjo mágico tienen en las personas señores, pero tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no salir saltando por ahí, invadido por su música, pero bueno muestréenme más, que aún hay ciertos detalles que me gustaría corregir. –la siguiente canción señor se llama Nantes.
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